Por Martín López Lastra (*)
Sabido es que el Congreso de la Nación, por impulso del gobierno nacional, le dictó la sentencia a muerte legal para enero del 2027 al histórico Estatuto del Periodista profesional o ley 12908 sancionada en épocas en que Juan Domingo Perón era Secretario de Trabajo y Previsión.
Curiosamente, ese corpus legal, sancionado en 1944, no fue tocado en lo sustancial y superaba en su vigencia a la propia Constitución, reformada en 1994.
Más allá de discusiones sobre fechas, lo cierto es que ante la inminente derogación de una ley -que regía la praxis profesional periodística y los parámetros de relación del periodista con sus patronales o medios de comunicación- se pudo avanzar hacia una propuesta.
Desde la Federación de Trabajadores de Prensa (FATPREN) -con apoyo del Sindicato de Prensa Bonaerense y otras organizaciones gremiales- se elaboró un nuevo proyecto de estatuto que, en principio, lo actualice y mantenga los criterios generales de defensa de los derechos laborales.
En tal sentido, hay que rescatar varios puntos positivos que deberían despertar entre los legisladores una exigencia de mayor calidad en el debate acerca de las relaciones laborales en un mundo con nuevo contexto tecnológico y donde la fuerza del capital se insmicuye siempre detrás de los argumentos basados en su “sentido común” que siempre aluden a los costos, entre ellos el costo laboral.
Así las cosas, a una obligada eliminación de categorías y oficios que practicamente no existen por los cambios tecnológicos, se incorporó todo un capítulo o apartado dedicado a la relación del periodista con la inteligencia artificial en la producción de noticias y contenidos.
La conclusión de los compañeros de Fatpren fue clara al resaltar, sin dobles lecturas, que la Inteligencia Artificial es una herramienta más de trabajo del periodista profesional y nunca una alternativa en materia de elaboración.
Esto es porque el periodista siempre debe estar al frente de la definición de un criterio de qué temas cubrir, como darle continuidad a una cobertura y, sobre todas las cosas, chequear veracidad y hacerse responsable de la edición final de un artículo.
Empero, y para no entrometerse con el principio de libertad de empresa, la iniciativa no inhabilita a los medios al uso de la Inteligencia Artificial, pero debe dejar explícito que una nota, noticia o contenido fue hecho en esa modalidad. Los y las lectoras deben decidir cual es el periodismo de calidad que esperan para satisfacer su diaria necesidad de información.
En otro orden, debe considerarse un avance en materia de amplitud, respecto de otras épocas, el reconocimiento del periodismo autogestionado o autogestivo que es a la vez una categoría sobre la cual también pusieron énfasis otras entidades como FOPEA.
En lo específico, a esta categoría se entendería como una relación del periodista, quien acuerda con el medio una gestión de contenidos a cambio de negociar un porcentaje de publicidad que se obtenga. Esto suele ser muy común en muchas emisoras de radio y en menor porcentaje en televisión, donde ingresan las productoras. También debe incluirse en este universo a quienes, como terceros, gestionan un suplemento y comparten luego los ingresos publicitarios.
Con esta nueva categoría así reconocida como autogestiva se viene también un necesario debate sobre los derechos que adquieran estos periodistas que “a priori” no tendrían una relación laboral de dependencia explícita -como para reclamar compensaciones o reconocimientos indemnizatorios- pero que sí deberían tener aquellos derechos que les permita ejercer su profesión sin obstáculos, esto es libre derecho a la acreditación en eventos, garantías en las coberturas de alto riesgo, acceso a las fuentes de información y defensa contra todo tipo de atropellos.
En este rápido repaso no se puede excluir la incorporación novedosa de la “cláusula de conciencia” que otorga a la o a el periodista su derecho a ser separado de la empresa con justa causa si hay un abrupto cambio ideológico en la política editorial de la empresa, algo que suele suceder por cambios en el control accionario. Por supuesto, será motivo de encendido debate en oportunidad de tratarse en comisión en ambas cámaras.
Allí hay que hacer un aporte necesario y tiene que ver con los medios públicos donde también pueden registrarse cambios abruptos en lo ideológico y también suelen darse despidos en colaboradores o profesionales de planta temporaria. Podrían incorporarse tal vez alguna recomendación de proteccion de la fuente de trabajo o, como alternativa, el derecho del profesional a elegir su destino y funciones en forma consensuada con el funcionario de turno a cargo de estos medios.
Hay muchos elementos más para rescatar en esta iniciativa de construcción colectiva como modalidad de teletrabajo y trabajo en plataformas digitales, el registro de periodistas desde el ámbito gremial. la eliminación de la matrícula, la reducción de la indemnización especial y mucho más, que, por supuesto, deben ser motivo de atención y análisis.
Lo importante es haber concretado en un plazo récord una propuesta seria y actualizada y eso es mérito no sólo de FATPREN, sino también de otras oganizaciones sindicales del sector que hicieron un notable esfuerzo de análisis, elaboración y una adecuada definición de situación.
(*) Periodista, Secretario del Círculo de Periodistas y Dr. en Comunicación (UNLP)
